Planetas habitables

Aunque todos hemos estudiado alguna vez aquello del “paso del mito al logos”, no es menos cierto que todas las transiciones tienden a arrastrar los restos del paradigma anterior, que a veces logran adaptarse a la nueva situación y a regenerarse. Aunque hoy nadie interpreta la realidad como una especie de juego de mesa de los moradores del Olimpo, son numerosos los que siguen soñando con superheroes fantásticos, robots que sienten como humanos y alienígenas de todo pelaje. stefan-stefancik-106115

En algunos casos, estos sueños se habrán visto estimulados esta semana por la noticia del descubrimiento de un sistema solar con seis planetas muy similares a la Tierra. Son similares por el tamaño y por la temperatura a la que aparentemente están sometidos, por lo que podrían tener agua en estado líquido y, consecuentemente, seres vivos. Es verdad que habría que ver a qué llamamos “vida”. En nuestro planeta parece que lo tenemos bastante claro, pero aun así discrepamos a veces en si algunos organismos como los virus son realmente seres vivos o no. En todo caso, no podemos descartar que puedan existir algunas formas de vida, tal vez unicelulares, tal vez más complejas, en alguno de estos planetas. Nos apresuraríamos entonces a intentar buscar ahí indicios de un proceso evolutivo como el que sostenemos aquí en al Tierra.

Sin embargo, en el imaginario social, en nuestra particular mitología, cuando pensamos en vida extraterrestre no vemos un microscopio, sino una nave espacial. Antropomorfizamos cualquier indicio vital, pues si hay vida en otros sitios, debe parecerse a nosotros, que para algo somos los seres vivos por excelencia. Nos asombramos y nos inquietamos, pensando en las imágenes de alguna película más o menos apocalíptica en la que un grupo de humanos resistentes logra acabar siempre con la invasión planetaria.

Algunos pueden incluso sentir un vértigo que provoque no pocas dudas, incluso a un nivel espiritual, o aprovechar el tema para arremeter contra las creencias de los demás, siempre con argumentos revestidos de un cientificismo ingenuo. Otros saldrán, afortunadamente, para conjurar el peligro.

Curiosamente, el mayor peligro en estos casos no está en dejar volar la imaginación sino en leer la noticia. Si esta empieza afirmando que “A medida que avanza la exploración del espacio resulta más evidente que la Vía Láctea se encuentra totalmente repleta de lugares que podrían albergar vida” (véase la contundencia de lo que hemos subrayado), a medida que leemos nos damos cuenta que el descubrimiento se basa en unas variaciones en la luz de una estrella que permite determinar la existencia de planetas que van provocando en ella pequeños eclipses, lo que permite hacer estimaciones de su tamaño y poco más. Parece pues que la contundencia inicial no está tan justificada.

Seguimos leyendo que, por ejemplo, “los siete planetas podrían albergar agua en superficie, si tuvieran una atmósfera adecuada”, lo que es como decir que podría haber agua en mi vaso si tuviera un vaso. Sin embargo, pese a estas dudas el entusiasmo del periodista no decae, pues dando por supuesto que  hay océanos y mares aun sin saber si hay atmósfera, prosigue diciendo que la cercanía con la estrella “hace muy probable que el tirón gravitacional de los planetas provoque fuerzas de marea capaces de generar actividad volcánica en algunos de ellos”. Casi nada.

Al final, la elevada probabilidad de que todo esté repleto de vida se basa en estimaciones de estimaciones rellenas de incógnitas sin confirmar. Algunos se sentirán como si les hubieran echado un jarro de agua fría, pero hay que resistirse ante la evidencia. No dejemos que el logos vuelva a cargarse la mitología. Es mejor seguir soñando con el día en que los habitantes de la tierra podamos convivir con nuestros aliados vulcanianos y tal vez, quien sabe, poder tener a nuestro señor Spock con nosotros. Maldita razón, diremos. Y, como reza el subtítulo de esta web, haremos mala teología.

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